¡NO MAS FALSOS POSITIVOS JURIDICOS, los estudiantes no somos terroristas, luchar por la educación no es un delito!
La Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios – ACEU – rechaza de forma tajante la persecución a miembros del movimiento estudiantil y del movimiento social y político en general desde sectores de la ilegalidad y también desde la legalidad a través de falsos positivos judiciales, consideramos que los hechos recientes de las amenazas, en su mayoría a estudiantes y profesores de la Universidad Nacional de Colombia, por parte de grupos paramilitares; la agresión por parte del ESMAD en la Universidad del Tolima a un estudiante que le puede dejar consecuencias permanentes para su salud con la pérdida de un ojo o daño cerebral, y la reciente captura de 15 personas del proceso Congreso de los Pueblos, la mayoría de ellos pertenecientes a organizaciones estudiantiles de la Universidad Nacional y la Universidad Pedagógica Nacional sindicados de pertenecer a la insurgencia. Estos no son hechos aislados, por el contrario, están relacionados y son prácticas reiteradas contra la organización del pueblo colombiano.

COMUNICADO ANTE AMENAZAS EN EL POLITÉCNICO "JAIME ISAZA CADAVID"


A la Comunidad Educativa de Antioquia y de todo el país.

Comunicado

Se presentan graves amenazas contra estudiantes del Politécnico Colombiano “Jaime Isaza Cadavid”

La Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios ACEU denuncia ante la opinión pública de la región y el país, las amenazas de las que han sido víctimas los estudiantes del Politécnico Colombiano “Jaime Isaza Cadavid” al ser señalados de ser parte de una "coordinadora guerrillera"
estudiantil, lo cual es una grave violación a su derechos de la libre protesta y al darles ese rotulo los ponen en un inmenso peligro frente a los actores armados que actúan libremente en la ciudad de Medellín.

La Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios – ACEU, aún no ha verificado la autenticidad de dicho panfleto, pero hacemos el llamado preventivo y ponemos en conocimiento a la opinión pública este hecho que se presenta.

Igualmente hacemos el llamado a la administración de la IES y a la gobernación de Antioquia que escuche y se sienten a negociar el pliego de peticiones de los estudiantes.

Y felicitamos igualmente a los compañeros y compañeras del Politécnico Colombiano “Jaime Isaza Cadavid” por su coherencia y resistencia firme en su justa lucha

Por una universidad crítica, creadora y transformadora!

#Los3PorUNCongreso

#Los3PorUNCongreso
El Congreso Universitario nace del dialogo multiestamentario permanente, para construir entre todos y todas los rumbos de la UN desde las diferentes facultades y sedes.
Es así como consideramos que el Congreso UN debe apostarle a la reforma del Estatuto General, de forma que abra espacios para la participación democrática y decisoria de los tres estamentos al interior de la universidad, iniciativa que debe ser impulsada y fortalecida por la representación estudiantil.


Comunicado a la opinión pública ante amenazas en la UN Bogotá



En días pasados ocurrió un hecho de extrema gravedad en la Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá que no ha tenido el debido rechazo por parte de la opinión pública nacional. Como en otras coyunturas oscuras, circuló un panfleto intimidatorio firmado por “Águilas Negras Bloque Capital” en el que se amenaza a un grupo de estudiantes, a los profesores Mario Hernández y Leopoldo Múnera, de la Universidad Nacional, y a la profesora Piedad Ortega, de la Universidad Pedagógica Nacional.

Manifestamos públicamente nuestro absoluto rechazo a este tipo de acciones que pretenden acabar con la academia, silenciando el libre ejercicio de la crítica, la deliberación abierta y franca sobre los problemas de la Universidad y de la sociedad colombiana, que constituyen su razón de ser, más aún en una coyuntura en la que nuestro país avizora un eventual acuerdo de paz.

Exigimos a las autoridades universitarias, al gobierno nacional y a los organismos competentes garantizar la vida y la integridad física de nuestros profesores y estudiantes, y condenar públicamente este suceso.
Así mismo, instamos a la comunidad académica colombiana, profesores y profesoras, investigadores e investigadoras y estudiantes de instituciones públicas y privadas a manifestar su rechazo a este hecho en particular y a cualquier manifestación de violencia física o simbólica que ponga en riesgo nuestras labores.

Etienne Balibar, Profesor emeritus, Université de Paris-Ouest Nanterre, Francia.
Antonio Negri, Filósofo.
Etienne Tassin, Profesor de Filosofía, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Fernando Rendón, Director del Festival Internacional de Poesía de Medellín, Premio Nobel Alternativo 2006.
Andre-Noël Roth D., Profesor de Ciencia Política, Universidad Nacional de Colombia.
Juan Ricardo Aparicio Cuervo, Profesor de Antropología, Universidad de los Andes, Colombia.
Diogo Sardinha, Presidente de Collège International de Philosophie, Francia.
Luis Eduardo Hoyos, Profesor de Filosofía, Universidad Nacional de Colombia.
Stéphane Douailler, Profesor de Filosofía, Université Paris VIII, Francia.
Matthieu de Nanteuil, Profesor de Sociología, Université Catholique de Louvain, Bélgica.
Luis Eduardo Gama Barbosa, Profesor de Filosofía, Universidad Nacional de Colombia.
Françoise Balibar, Profesora emeritus, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Patrice Vermeren, Profesor y Director del Departamento de Filosofía, Université Paris VIII, Francia.
Francine Mestrum, Global Social Justice, Bélgica.
Bernardo Correa López, Profesor de Filosofía, Universidad Nacional de Colombia.
José David Copete, Profesor de Ciencia Política, Universidad del Tolima.
Nadia Yala Kisukidi, Profesora en Ética, Université de Genève, Vice-présidente du Collège International de Philosophie, Suiza.
Carlos Strasser, Director fundador del Posgrado, Profesor emérito de Flacso, Universidad de Buenos Aires, Argentina.
Claudia Hilb, Profesora de Ciencias Políticas, Universidad de Buenos Aires, Argentina.
Eric Fassin, Profesor de Sociología, Codirector del Departamento de Estudios de Género, Université Paris VIII, Francia.
David Rabouin, Director de investigación CNRS, Laboratorio SPHERE, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Alfred Gómez-Müller, Profesor de Filosofía, Université François-Rabelais Tours, Francia.
Mauricio Archila, Profesor de Historia, Universidad Nacional de Colombia.
Imanol Ordorika, Profesor titular, Universidad Nacional Autónoma de México.
Andrea Mejía, Doctorado en Filosofía, Universidad Nacional de Colombia.
María del Rosario Acosta López, Profesora de Filosofía, DePaul University, Estados Unidos.
Marie Cuillerai, Profesora, Université Paris Diderot-Paris 7 y Université Paris VIII, Francia.
Claudia V. Girón Ortiz, Facultad de Psicología de la Universidad Javeriana, Colombia.
Claudia Girola, Profesora de Sociología, Université Paris VII, Francia.
Eleni Varikas, Profesora emeritus de teoría política, Centre de Recherches Sociologiques et Politiques de Paris, Centre National de Recherche Scientifique, Francia.
Jean-Philippe Peemans, Profesor emeritus, Université catholique de Louvain, Bélgica.
Azadeh Kian, Profesora de Sociología, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Thi Tu Huy Nguyen, Doctorando en Filosofía, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Jean Waddimir Gustinvil, Profesor de Filosofía, Université de l’État d’Haïti, Haití.
Imanol Ordorika, Profesor Titular, Universidad Nacional Autónoma de México.
Juan Manuel Echavarria, Artista, Colombia.
Víctor López Rache, Escritor, Colombia.
Laurent Fleury, Profesor de Sociología, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Catherine Coquio, Profesora de Literatura, Université Paris VIII, Francia.
Mery Yolanda Sánchez, Poeta y Escritora, Colombia.
Francisco Naishtat, Profesor de Filosofía, CONICET, Universidad de Buenos Aires, Argentina.
Vicente Palermo, Investigador principal Conicet, Argentina.
Asociación Festival por la Paz en Colombia: memorias y justicia social.
Marcel Mangold, Doctorante en Ciencia Política, Söderturn Universitet, Suecia.
Edwin Cruz, Doctorante en Ciencia Política, Universidad Nacional de Colombia.
Diego Paredes, Profesor de Filosofía, Universidad Autónoma de Colombia.
Andrés Parra, Doctorante en Ciencia Política, Universidad Nacional de Colombia.
Anders Fjeld, Doctorante en Filosofía, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Fethi Benslama, Profesora de Psicopatología Clínica, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Gustavo Chirolla. Profesor de Filosofía. Pontificia Universidad Javeriana.
Christian Fajardo, Doctorante en Filosofía, Universidad de los Andes, Colombia.
Emilse Galvis, Doctorante en Filosofía, Universidad de los Andes, Colombia.
Omar Ramírez, Profesor Universidad Nacional Abierta y a Distancia, Colombia.
Geoffrey Pleyers, Profesor en la Universidad Católica de Lovaina, Presidente del comité de investigación 47 de la Asociación Internacional de Sociología, Bélgica.
Luis Martínez Andrade, Postdoctorante CriDIS/SMAG, Université catholique de Louvain, Bélgica.
Alain Minet, Doctorante en Sociología, Université Paris Diderot-Paris 7.
Sophie Wauquier, Profesora de Ciencias del Lenguaje, Universidad Paris VIII, Francia.
Jean De Munck, Profesor, Université Catholique de Louvain, Bélgica.
Olivier Merly, Estudiante de Maestría, Université Paris-Diderot Paris 7, Francia.
Camille Louis, Doctorante de Filosofía, Université Paris VIII, Francia.
Aurore Mréjen, Investigadora de LCSP, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Andrea Marcela Barrera Téllez, Doctorante, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Isabelle Ferreras, Profesora de Ciencias Políticas y Sociales, Université Catholique de Louvain, Bélgica.
Denis Kambouchner, Profesor de Historia de la Filosofía Moderna, Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne, Francia.
Sonia Dayan-Herzbrun, Profesora emeritus de Sociología, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Robert Mankin, Profesor de Estudios Anglófonos, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Edgar Straehle, Doctorante en Filosofía, Universidad de Barcelona.
Mohamed Boukhari, Presidente del Partido Progresista Republicano Tunecino, Túnez.
Laura Quintana, Profesora de Filosofía, Universidad de los Andes, Colombia.
Andrés Fabián Henao, Profesor de Ciencia Política, University of Massachusetts, USA.
Óscar Mauricio Donato, Profesor de Filosofía, Universidad Libre, Colombia.
Catherine Laviolette, Profesora, Université Catholique de Louvain, Bélgica.
Hourya Bentouhami, Profesora de Filosofía, Université de Toulouse, Francia.
Mark Hunyadi, Profesor, Université Catholique de Louvain, Francia.
Anne-Emmanuelle Demartini, Profesora de Historia Contemporánea, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Souleymane Bachir Diagne, Profesor de Filosofía, Université Columbia, New York, USA.
Nataly Camacho, Doctorante en Sociología, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Marc Abeles, Director de Investigación en Antropología, EHESS, Francia.
Roman Krakowsky, Postdoctorante TEPSIS, EHESS, Francia.
Denis Merklen, Profesor de Sociología, Université Sorbonne Nouvelle, Francia.
Patrice Canivez, Profesor de filosofía moral y política y Director del Departamento de Filosofía y Director del Instituto Eric Weil, Université Lille 3, Francia.
Fatou Sow, Profesora jubilada, CNRS, Francia.
Astrid Florez Quesada, Doctorante UCL-CriDIS, Université Catholique de Louvain, Francia.
Jean-Pierre Vallat, Profesor emeritus de Historia Antigua, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Chiara Piazzesi, Profesora de Sociología, Université du Québec à Montréal, Canada.
Martin Breaugh, Profesor de Ciencia Política, York University, Canada.
Silvana Carozzi, Profesora titular, Universidad Nacional de Rosario y Universidad Nacional del Litoral, Investigadora independiente CIC - UNR, Argentina.
Mario Pecheny, Profesor Titular, Universidad de Buenos Aires-Investigador CONICET, Argentina.
Emilio de Ípola, Profesor emérito, Universidad de Buenos Aires, Argentina.
Thomas Périlleux, Profesor CriDIS, Université catholique de Louvain, Bélgica.
Nicolás Orellana Águila, Doctorante en Sociología, Université catholique de Louvain, Bélgica.
Diane Lamoureux, Profesora de Ciencia Política, Université Laval, Canada.
Mélanie Duclos, Doctorante en Sociología, Université Paris Diderot-Paris 7, Francia.
Carlos Andrés Manrique, Profesor de Filosofía, Universidad de los Andes, Colombia.
Diego Tatián, Profesor, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.
Gabriel Vommaro, Profesor de Sociología, Universidad de General Sarmiento, Buenos Aires, Argentina.
Rolando Goldman, músico, Solista de Charango de la Orquesta Nacional de Música Argentina. Argentina
Victor M. Uribe-Uran, Profesor de Historia y Derecho, Florida International University, USA.
Raul Zelik, Escritor, Alemania, Profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia hasta 2013.
Juan Manuel Roca, Escritor, Colombia.
Nathaly Rodríguez Sánchez, Doctorante en Historia, El Colegio de México, México.
Juan Carlos Celis, Profesor de Sociología, Universidad Nacional de Colombia.
Marie Bardet, Investigadora asociada, Université Paris VIII, Francia.
Édgar Novoa, Profesor de Ciencia Política, Universidad Nacional de Colombia.
Remitimos copia a:
Presidente de la República de Colombia
Dr. Juan Manuel Santos (contactopresidencia@presidencia.gov.co)
Rector Universidad Nacional de Colombia
Dr. Ignacio Mantilla Prada (rectoriaun@unal.edu.co)
Ministra de Educación Nacional de Colombia
Dra. Gina Parody (despachoministra@mineducacion.gov.co)

No se construye universidad con la homogenización del pensamiento






El día miércoles 4 de marzo de 2015 algunos miembros de la ACEU nos encontrábamos realizando una tertulia de apropiación expresiva del espacio estudiantil llamado “Ágora”, en el marco del foro de los candidatos a la rectoría de la universidad. Este espacio, antes y después del Ágora, ha sido nuclear dentro del imaginario colectivo de la universidad. No en vano se encuentra en el centro geográfico del campus. Este fue el énfasis por el cual nos hallábamos en aquel lugar renovado y paradójicamente inexplorado por el espíritu público.
Aun siendo un sitio de peregrinaje estudiantil constante, el nuevo edificio discriminó el carácter social del espacio: El encuentro e hibridación cultural, artística y sobretodo política por parte de la comunidad nacionalina. En consecuencia la actividad que la ACEU iba a realizar era todo un fenómeno por las características del lugar y su administración. La actividad tenía como objetivo divulgar y debatir críticamente la coyuntura que nos ocupa.

Fue por tanto la anormalidad del evento un pretexto para que fuera increpado desde sus preparativos. A las 10 de la mañana se acercaron dos representantes de la institucionalidad, concretamente la vicerrectoría, expresando el malestar de los trabajadores de las oficinas dentro del edificio por el ruido que produciríamos con el único amplificador de sonido que la organización poseía. La intención era inutilizar el bafle y por consiguiente alterar la expresión del evento. Aunque la discusión se realizó en los mejores términos no hubo acuerdo, puesto que para nosotros aquellas razones estaban salidas de la realidad bajo el siguiente argumento: el sonido generado por los locales comerciales es similar o mayor al que producimos. Y otro argumento de más fondo es la disposición social del espacio de ese edificio, la relación contradictoria de su intencionalidad etimológica y la evidente razón mercantil. Los problemas estructurales fueron los que hablaron por sí solos.

A raíz de todo lo anterior denunciamos la indisposición que genera en nuestra organización (ACEU) los sistemáticos mecanismos de censura institucional de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín a los estudiantes organizados para la comunicación de ideas no sólo verbales. Las acciones de la administración propenden difuminar las expresiones políticas de toda índole, normalizando sus voces a través de la homogeneización arquitectónica y estética del campus. Consideramos que esta actitud es nociva para la universidad, tanto en la academia como en los distintos e interrelacionados aspectos que se desarrollan en ella. Además, aunque reglamentada, es ilegítima ya que invisibiliza a una gran porción de la sociedad universitaria cuando somos nosotros los que contribuimos en mayor medida a este espacio.

Silencio y Censura frente al caso del profesor Miguel Ángel Beltrán



Desde el 2014 la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios viene propiciando espacios de denuncia y solidaridad con el profesor asociado de la Universidad Nacional Miguel Ángel Beltrán Villegas, el pasado viernes 27 de febrero, estampó en los grises y opacos muros de la universidad el mensaje “¡La universidad no se silencia, grita autonomía y libertad de pensamiento!”, consideramos estos elementos la base fundamental para construir conocimiento, y no un dogma que se imparte como una verdad irrefutable e inamovible en el transcurrir del tiempo. Ese conocimiento crítico llevó al académico a su encarcelamiento por investigar las causas del conflicto social, político y armado del país, del cual hoy hablamos en términos de unos acuerdos que permitan subsanar uno de ellos, el armado.

Para nosotros no ha claudicado la campaña hacia el profesor, compañero y amigo, por una simple sentencia emitida por el tribunal, creemos que la unión de los esfuerzos, de voluntades y el apoyo de las herramientas jurídicas, tener en libertad y en nuestras aulas a Miguel Ángel Beltrán. En este sentido, este año no es de abandono por los acontecimientos sobre la designación del rector, el PND y el acuerdo 2034, no, es un año para gritar y exigir la autonomía, de escoger con quien configuramos los objetivos de la universidad que deseamos y queremos heredar, saber qué, cómo, cuándo y dónde investigar teniendo en cuenta nuestras realidades concretas, no una sentencia de un organismo como COLCIENCIAS, ente excluyente de pensamiento y anhelo de país.

Por lo anterior, la Universidad Nacional sede Medellín no se aleja de ese carácter nacional, no tiene la autonomía para expresarse frente a las políticas que sustentan el sistema nacional de educación. La burócrata administración universitaria de sede no integra lo realmente esgrimido en los escenarios culturales y artísticos, murales y discursivos que conforman nuestra ciudad universitaria. Mantiene este campus en un panóptico, en una correccional de pensamientos pariendo un número de “universitarios” consecuentes al dictamen estatal y sin hambre de replantear o crear conocimiento integral, expresivo y vinculante. La ACEU, el pasado viernes 27 de febrero de 2015 continuó la campaña con un mural[1] en el “ágora” el cual hoy, lunes, 2 de febrero amaneció borrado por la administración.

La acción realizada deja claridad que el espacio conocido actualmente como Ágora ni siquiera tiene congruencia con el concepto que evoca dicho nombramiento. Con el solo nombre debería ser un vórtice intercultural el cual nos reconozca como estudiantes, así mismo, debería ser la universidad siendo un reflejo pleno y sustancial de la sociedad. Los estudiantes de esta sede y en general deberíamos indagarnos más por el devenir de la universidad y no solo irrumpir en su seno, y de manera egoísta no aportar a construir más allá de las retribuciones académicas y económicas las cuales podemos gozar por el aprovechamiento del campus.

Finalmente, hacemos un llamado a traspasar del papel de expectante a críticos, del estar atomizados a la organización y del inmovilismo a la acción consiente por una universidad amplia, diversa, intercultural y con un conocimiento integro para la formación de nuevos sujetos consecuentes con la realidad del país.


[1] Fotos adjuntas.

PROGRAMA PARA LA RECTORIA DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL PERÍODO 2015-2018 MARIO HERNÁDEZ ÁLVAREZ

¡SÍ PODEMOS: UNIVERSIDAD PÚBLICA, NACIONAL Y ESTATAL!
PROGRAMA PARA LA RECTORIA DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL
PERÍODO 2015-2018
MARIO HERNÁDEZ ÁLVAREZ

¿CUÁL ES LA SITUACIÓN ACTUAL?


Es claro que la Universidad Nacional está llegando a su límite de exigencia institucional con los recursos disponibles. Si ha sostenido los indicadores de productividad y visibilidad internacional no es por una gran gestión institucional sino por un enorme esfuerzo cotidiano de la comunidad académica sostenida en medio de la precariedad. Es un hecho que la insuficiencia del financiamiento estatal ha obligado a la búsqueda desaforada de “recursos propios” por medio de la venta de servicios académicos, más aún frente a la amenaza de la crisis fiscal que se avecina. Esta permanente presión está afectando la calidad de lo que hacemos y no nos permite disfrutar la experiencia de la formación, el conocimiento y la creación.

El rebusque y la concentración del esfuerzo en los logros personales o del pequeño grupo está produciendo una gran fragmentación de la comunidad académica, un serio distanciamiento entre sus miembros y una incapacidad para tramitar y resolver conflictos, discriminaciones e inequidades crecientes.

Contrastan los muchos acumulados de la Universidad Nacional con su pérdida de participación y proyección en la vida nacional. El país atraviesa ciertamente por una coyuntura crítica, pero a la vez cargada de esperanza asociada al empeño de superación del conflicto armado. Construir una sociedad capaz de tramitar sus conflictos por una vía pacífica y democrática es un proyecto de mediano y largo plazo que tiene en la firma de un acuerdo de paz su indispensable comienzo hacia transformaciones estructurales. Frente a este reto, la Universidad Nacional deberá tomar alguno de los muchos caminos abiertos en el post-acuerdo. Para ello, como universidad, y no como otra “institución educativa” más, deberemos asumir a fondo nuestros propios conflictos, para convertirnos en laboratorio vivo y paradigmático de construcción de democracia, justicia y paz.

Hoy, la Universidad Nacional se ve abocada a un profundo dilema: o continúa el camino de la adaptación institucional a las exigencias de la mercantilización global de la educación, la ciencia y la tecnología, para competir en un mercado abierto en el que no hay diferenciación alguna; o se concentra en la exploración profunda de su naturaleza, para reformular una identidad que le permita acopiar su acumulado y reorientar su trayectoria, de manera democrática y de cara a la sociedad colombiana.

Esta aspiración a la rectoría pretende construir sobre lo construido, corregir lo equivocado y desarrollar iniciativas creativas. Aglutinar a la comunidad universitaria para transformar rumbo. Es una oportunidad para repensar la Universidad, la academia y su compromiso con el país.
DESDE LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA PODEMOS

Nuestra Universidad es un logro de la nación colombiana y es un resultado de la labor de sus profesoras, profesores, estudiantes, trabajadoras y trabajadores. Todos y todas construimos universidad en el día a día, desde la diversidad de las ciencias, las profesiones y las artes, pero también de las culturas, las regiones, las religiones, los géneros, las posiciones políticas. Es un poderoso acumulado académico y cultural que ha formado a miles de profesionales de todas las ramas del conocimiento y del saber, fundamentales para el crecimiento cultural, científico, social y económico del país. Hemos sido un baluarte de los valores democráticos que fundan las aspiraciones de paz de la sociedad colombiana.

Desde el lugar que ocupamos, aún en medio de la dispersión y el individualismo rampante, no se puede olvidar lo que valoramos como el factor capital: la Universidad Nacional es una comunidad con historia. Es desde ese alto lugar común desde donde relanzamos los valores de una verdadera cultura universitaria de reconocimiento mutuo, de respeto y de construcción colectiva a partir de reglas claras y escenarios legítimos. Más que expertos con competencias, somos intelectuales.

En la Universidad se ha expandido la sensación de una aberrante paradoja: cada vez hay menos tiempo para la actividad académica. Si nos vinculamos a esta universidad fue con la expectativa de poder hacer buena docencia, investigar o crear. Poder dedicarse a esas actividades con la concentración que ellas exigen es una aspiración central en la vida de los académicos. La falta de condiciones materiales y la proliferación de arbitrarias exigencias burocráticas están asfixiando la vocación por el conocimiento y el ambiente intelectual que se requiere.

Desde la comunidad universitaria podemos repensar y reorientar la Universidad, para desarrollar su naturaleza institucional y proyectarla en el largo plazo. Para ello, debemos entrar en la preparación y realización de un Congreso Universitario, aspiración de muchos de sus miembros, como escenario legítimo para revisar las reformas institucionales recientes, ponernos de cara a la sociedad colombiana y al mundo, desde la diversidad regional, y construir pactos sobre lo común. El Congreso será un proceso de construcción autónoma de decisiones, con la participación amplia y democrática de los tres estamentos universitarios. Desde el comienzo mismo de mi gestión pondré el Congreso en el orden de lo urgente. Su realización se programará para un tiempo anterior a la terminación del presente año.

UNIVERSIDAD PÚBLICA

¿Qué significa el carácter público de la Universidad? Nada menos que diversidad, pluralismo y democracia. Diversidad plena, no confesionalidad disfrazada de modernización y eficiencia. No existe un “bien público” abstracto. Existimos públicos, que construimos identidades y proyectos colectivos. Por eso, lo público es una construcción permanente, que parte del reconocimiento de las diferencias y encuentra caminos solidarios para reconocer aquello que compartimos y podemos reconocer como común.

La naturaleza pública está atada al concepto de autonomía universitaria, tanto académica, como administrativa y de gobierno. Pero el ejercicio de autonomía no puede hacerse sin democracia. Se requieren nuevas formas de gobierno universitario, basado en la ampliación de los cuerpos colegiados y la elección directa de sus directivas, que permitan garantizar decisiones colegiadas y transparencia plena, sin cajas negras en la administración de los recursos. Esta democratización permitirá mejorar superar la sensación de despilfarro y corrupción que nos invade.

Democracia significa reconocimiento y ejercicio pleno de los derechos humanos, libertad de expresión, de asociación, organización y movilización, derechos sindicales y derecho a la negociación colectiva. Los conflictos laborales no pueden seguir aplazándose hasta llegar a las vías de hecho. Si se construyen pactos, hay que honrarlos y cumplirlos.

Construir lo público significa reconocer y fortalecer la diversidad cultural y de etnia, dar cumplimiento y mejorar la política de equidad de género y avanzar seriamente en la política integral para la población en situación de discapacidad.

La calidad académica no puede seguir asimilándose al cumplimiento de requisitos de acreditación. Calidad implica la articulación cuidadosa entre formación, investigación y extensión con el reconocimiento de las especificidades disciplinarias, profesionales, de las artes y los nexos transdisciplinarios. La reforma académica y las reglas para la extensión y la investigación requieren un análisis detallado para adoptar concertadamente los cambios necesarios.

El Bienestar universitario debe ser concebido no como un conjunto de subsidios para estudiantes pobres, sino como una organización de los recursos para generar las condiciones que demanda el trabajo académico. Sin ellas no hay calidad académica posible, más allá de los sellos de acreditación que tanto confunden.

El carácter público nos obliga a recuperar el liderazgo en el sistema de educación superior, en especial, en el Sistema de Universidades Estatales (SUE) para valorar con otros ojos el papel de estas universidades en la reorganización de un verdadero sistema de educación superior, donde el mercado y la competencia individualista no predomine, sino que avancemos hacia la complementariedad y la colaboración para afrontar problemas nacionales desde las regiones.

Desarrollar el carácter público implica pensar en la manera como participamos en la construcción de lo público en el país, desde sus muy diversos públicos y regiones; un compromiso con la solidaridad, el respeto y la identificación de los asuntos comunes y prioritarios, para salir de la violencia, el “sálvese quien pueda” y la impunidad cotidiana.

Significa construir relaciones estratégicas internacionales para recuperar la naturaleza pública del conocimiento, superar la lógica monopólica de las normas de propiedad intelectual, y exigir equidad en la producción y el acceso a la ciencia y la tecnología, con perspectiva latinoamericana y de colaboración Sur-Sur.

UNIVERSIDAD NACIONAL

¿Qué significa nacional, en el nombre mismo de esta Universidad? Sin duda alguna, el acumulado institucional y el compromiso con la construcción de nación desde las regiones, desde la diversidad cultural, étnica y de género.

Significa un intenso esfuerzo por repensar la actividad académica que realizamos, la docencia, la investigación, la innovación, la creación artística, la extensión universitaria, en relación, interacción y compromiso con la sociedad que somos y que quisiéramos ser, en medio de la geopolítica dominante a la que llamamos eufemísticamente “globalización”.

El carácter nacional implica repensar el valor patrimonial de esta Universidad, que tanto en Bogotá como en las demás sedes hace parte de la identidad de las ciudades, las regiones y el país. Reconocer el patrimonio intangible significa retomar la obra de distintas generaciones de rectores, decanos, decanas, profesoras, profesores, estudiantes, trabajadoras y trabajadores, egresadas y egresados. No podemos entrar en la lógica de un proyecto inmobiliario en expansión. Por el contrario, es necesario rediseñar un genuino sistema combinado de formación, investigación, extensión y educación cultural, que fortalezca el Sistema Nacional de Patrimonio y Museos, que resignifique los espacios culturales de los campus y los articule a las ciudades y las regiones.

De ninguna manera es posible vender un centímetro del campus ampliado de la sede Bogotá en el proyecto de renovación del CAN. Por el contrario, es necesario proteger y renovar la Unidad Camilo Torres y el Edificio Uriel Gutiérrez, y proponer el desarrollo bien financiado del Hospital Universitario en articulación con un “centro hospitalario de occidente” que la ciudad y el país requieren. Al mismo tiempo, nacional significa reconocer el aporte que la Universidad tuvo en la profesionalización en salud en el Hospital San Juan de Dios, y contribuir a su reapertura con prudencia pero con decisión, iniciativa y presencia de su comunidad universitaria.

Reconocer el patrimonio tangible e intangible pasa por valorar seriamente la posibilidad de declarar el campus de Bogotá un Bien de Interés Cultural (BIC) y recurrir a su historia, al proyecto bauhaus que Leopoldo Rother imaginó, para obtener recursos nacionales e internacionales para su restauración y ampliación inteligente. Un bien común, un espacio público agradable, sustentable, peatonal y con transporte interno colectivo, abierto todos los días -incluido viernes, fines de semana y noche- para el goce pleno de la vida académica.

Una nueva organización intersedes es necesaria en la Universidad. Las relaciones entre la Universidad y la sociedad tienen profundas particularidades en las regiones que no son percibidas desde el centro. La autonomía deberá ejercerse en las sedes, y desde ellas, generar el los pactos sobre la identidad y la unidad institucional desde la diversidad territorial.

Lo anterior supone una revisión atenta de los proyectos de inversión que se vienen proponiendo desde las necesidades de las sedes y facultades, para construir acuerdos sobre un esquema de prioridades en la perspectiva de lo que significa campus universitario en todas las sedes. Más aún si se tienen en cuenta los bajos recaudos por el impuesto de la “estampilla UN” y la imposibilidad de respaldar cualquier empréstito sin contar con respaldo, pero disfrazado de “subsidio a la oferta” mientras engorda las arcas del sector financiero.

UNIVERSIDAD ESTATAL


La Universidad Nacional hace parte del Estado pero no es propiedad de ningún gobierno, instancia u organización política. Es una institución estatal de naturaleza constitucional especial, precisamente porque de otra forma la autonomía se convierte en autosostenibilidad en un mercado abierto. Es necesario que la sociedad, el Estado y quienes la constituimos entendamos esta dimensión plenamente para exigir a los poderes del Estado un inaplazable nuevo trato para la Universidad Nacional.
Este nuevo trato se debe traducir en financiamiento estable y suficiente, a partir del pago de la deuda acumulada con las universidades públicas por parte del Estado, acorde con la expansión que ha tenido la Universidad y con la que podría tener. Una ampliación responsable de la cobertura, desde el reconocimiento del carácter estatal, pasa por un incremento sostenido del presupuesto nacional y no por la disputa por los cupos de subsidio a la demanda para pobres. Universalidad en el acceso, más que focalización, es lo que realmente construye equidad y reconocimiento. “Ser pilo paga” es el comienzo de la transformación del financiamiento de la oferta (presupuesto) hacia el subsidio a la demanda de los pobres (pago por cupos), como el régimen subsidiado en salud, para retirar de una vez por todas las diferencias entre lo público y lo privado en educación superior. Por esta vía, las universidades públicas pronto nos veremos sometidas a la competencia voraz por los recursos públicos, pero con el lastre de una deuda acumulada. Como los hospitales, esta ruta conduce al callejón sin salida del ajuste por lo bajo o a la quiebra.

El sistema de admisión vigente debe ser revisado. Es inequitativo porque discrimina entre disciplinas, profesiones y artes. Ha causado sensibles traumatismos en los programas de sedes como Palmira, Manizales y Medellín, y preocupa la disminución de la admisión de estudiantes mujeres, que en el primer semestre de 2014 apenas alcanzó el 36%.
Un nuevo trato del Estado pasa por reconocer la actividad académica en todas sus dimensiones, revalorar el papel de la docencia, su calidad y la innovación pedagógica, para superar el sesgo hacia cierto tipo de publicaciones, reconocer y superar los abusos. Implica la reformulación, desde las comunidades académicas, de la política de ciencia, tecnología e innovación, que supere el pragmatismo de la supuesta innovación tecnológica y el disfraz de competencia en que han caído las convocatorias de Colciencias. Esta tendencia burocrática subordina, minimiza y oculta el papel de las ciencias humanas y sociales, las artes y las profesiones como la arquitectura, el derecho y otras más. Se requiere respetar la autonomía académica y afianzar la construcción colectiva de conocimiento, la creación y la innovación desde los grupos, con equidad y reconocimiento de sus especificidades, y reorientar la inversión de los recursos de las regalías en las regiones hacia sus verdaderas necesidades y prioridades regionales y nacionales.

Pero para recibir ese nuevo trato, se requiere un liderazgo de la Universidad en la formulación de políticas públicas de Estado, comenzando por una nueva ley de educación superior, necesidad que eludió el actual gobierno para construir un supuesto acuerdo que profundiza la mercantilización y el subsidio a la demanda. Se requiere una vocería que exprese las propuestas alternativas al Acuerdo por lo Superior 2034. El conocimiento debe ser entendido como un bien público de acceso universal y la educación superior como un derecho fundamental. Para su garantía, se requiere un nuevo pacto político que ponga en el centro la educación como derecho universal y no como servicio obtenido en el mercado de manera diferencial e inequitativa según la capacidad de pago de las familias. El subsidio a la demanda no hace más que reproducir las desigualdades existentes y concentrar los recursos públicos en unos pocos, como lo ha demostrado el sistema de salud.
Es necesario comprometernos con la formulación democrática de una política de Estado para construir la paz que asuma el reto de transformaciones estructurales. En su seno deberá estar un nuevo sistema de salud y seguridad social, que supere la obcecada defensa de la intermediación financiera por parte de todos los gobernantes; políticas de sustentabilidad ambiental, de tierras, de soberanía alimentaria, que ceden abiertamente frente a las urgencias de la dependencia derivada de la reprimarización de la economía nacional, entre otras.

En síntesis, propongo:

1. Desde el reconocimiento de la comunidad universitaria, entrar en un proceso de organización y realización de un Congreso Universitario para transformar el rumbo institucional con visión de largo plazo.
2. Desarrollar la naturaleza pública de la Universidad a través de su democratización para el ejercicio pleno de la autonomía, desde la garantía de derechos y la redefinición de nuestras reglas y políticas institucionales.
3. Participar decididamente en la construcción de nación desde el vínculo profundo con las realidades regionales y la diversidad.
4. Hacer valer la naturaleza estatal de la Universidad, para demandar un nuevo trato del estado, al tiempo que nos comprometemos con la construcción de políticas de Estado para la construcción de la paz.

Miembros de esta comunidad universitaria: he conocido en detalle el proceso de deterioro de nuestras relaciones, bajo el manto de la supuesta “universidad de talla mundial”. Es el momento de reorientar nuestro camino, de cara al país y al mundo, con autonomía, inteligencia, creatividad, solidaridad y amor por la academia y el país.

¡SÍ PODEMOS: UNIVERSIDAD PÚBLICA, NACIONAL Y ESTATAL!