UNA MINISTRA DE EDUCACIÓN EQUIVOCADA

19:54 Unknown 0 Comments


"Resulta incomprensible que después de los desastres que produjo la conversión de la salud en un negocio, hoy, con los mismos argumentos que otrora se usaron para mercantilizar las dolencias, se proponga la creación de universidades con ánimo de lucro, señala Federico García Posada en el diario El nuevo Día, de Ibagué.

Conocí al menos dos instituciones de esta naturaleza y mis recuerdos aún me producen repugnancia intelectual. Una de ellas nació y creció en un país del cono Sur. Su población se multiplicó por diez en sólo tres años, mientras su rector y propietario en las dos ocasiones que le pude escuchar, se jactaba de su acierto con ese negocio.

Él también hablaba de la calidad, ni más faltaba, pero de una calidad que no pasaba por tener profesores altamente calificados ni laboratorios ni nada por el estilo. Para él, la calidad estaba definida en términos de demanda por sus servicios y de deserción estudiantil.

En otras palabras, para este honorable rector y propietario un producto tiene buena calidad si es demandado y si en el proceso de producción las pérdidas son muy bajas.

El rector de otra universidad -digámosle así en gracia de discusión-, nunca varió su discurso en las dos o tres reuniones en las que con él compartí: se centraba en su preocupación algo más que académica por el precio de la tierra en la capital suramericana donde tenía su negocio y en su constante e indeclinable esfuerzo por hacer bajar los impuestos a la propiedad.

Debo reconocer que he conocido en mi vida instituciones de educación superior que, sin tener ánimo de lucro, son tan malas como esas dos.

Pero en este caso, suelen ser entidades de condición legal encubierta, que aparecen como sin ánimo de lucro, cuando en realidad hasta las cuentas del mercado de los propietarios y el pago de sus apartamentos en Miami, pasan por la tesorería de esos ilustres changarros.

Pensará la señora Ministra de Educación que basta con mover un poco el apetito de empresarios honrados y cívicos para que la calidad sí esté garantizada. Pero es evidente que ella no tiene un honradómetro como para saber cuáles son cacos de oficio o caballeros de industria, ni basta con ser honrado para poder garantizar la calidad de una institución educativa.

De hecho, en los ocho años de la exministra Cecilia María Vélez, algunos de los técnicos de su Ministerio, hasta donde entiendo sin el pleno conocimiento o consentimiento de ella, impulsaron la universalización de las normas ISO como criterio superior de calidad educativa.

Los grupos de empresarios por la educación fueron animadores de esa empresa inútil y hasta perjudicial, porque distrajo a los colegios y universidades de sus tareas más importantes, en la creencia de que ser empresario es ser lo mejor y de que nuestras empresas como son sinónimo de calidad, deberían ser ejemplo para la educación.

Evidentemente todos los supuestos son falsos, por más que la gente esté convencida de su validez. Tengo la seguridad de que si se llegaren a crear instituciones de educación superior con ánimo de lucro, el centro de sus currícula serán los cursos de creación de empresas.

¿Por qué? Porque ante la incapacidad de nuestra planta productiva para crear empleos, no hay mejor camino que hacer sentir a los jóvenes profesionales una culpa inmensa por no tener cómo ganarse la vida, al chutarles el balón de la creación de puestos de trabajo.

Ellos pensarán que si no tienen un salario o una renta no es por causa externa, sino por su incapacidad para crear una empresita. Otra característica de esas hipotéticas entidades, será la corta duración de sus programas.

Con este mecanismo, podrán tener ciclos de formación acelerados y un mercado potencial de varados egresados, consumiendo muchos y muy diversos programas de desarrollos de microhabilidades o microcompetencias, según el modelo que nos ha enseñado el SENA.

Las más notables universidades colombianas, públicas y privadas, son entidades sin ánimo de lucro. Y mientras más cerca están otras de la sospecha de que hay un lucro disfrazado, más malas son. Es que las suele delatar la planta física que ocupan y muchos de sus profesores. Viejas casonas que iban camino de ser inquilinatos, edificios de empresas quebradas, teatros en ruinas, profesores que recorren la ciudad de lado a lado sin prestaciones, sin oficinas, sin tiempo para leer un periódico que sea.

Si es de esta manera como piensa la Ministra incrementar los cupos en la educación superior, pierde el tiempo. Pero hay además una consideración muy simple: por qué no ponerle freno a la espantosa deserción universitaria superior al 40 por ciento? El sentido común nos dice que se debe empezar por ahí"

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Secretaria de Comunicaciones
Asociación Colombiana de
Estudiantes Universitarios 

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S.O.S A LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR

8:49 Unknown 0 Comments


Luis Fernando Páramo Jiménez, consultor en Calidad de la Educación Superior y en Ambientes virtuales, hace un angustioso llamado a recuperar el sentido de la calidad en educación superior en la propuesta de reforma. Aún estamos a tiempo.

 Realmente resulta inconcebible que se siga adelantando la reforma de la ley 30 de 1992 y no se diga nada alrededor del problema de la Calidad, o solo se mencione la calidad como una buena y sana intención de la Reforma.

 ¿Cómo es posible que se quiera perpetuar: La Oficina de Calidad del Viceministerio de Educación Superior, sin propuestas claras y como una oficina que solo hace inspección a la normatividad; las salas CONACES aisladas del CNA; y un CNA que ni siquiera ha sido capaz de generar estándares como es lo procedente en los sistemas de calidad?

Hablar de alta calidad, es un decir que para algunos suena muy convincente, pero técnicamente, eso no quiere decir nada. La calidad es un conjunto de atributos mesurables, no un montón de adjetivos calificativos censurables. Los atributos son variables matemáticas y el estudio de la correlación de dichas variables es el que permite establecer escalas, factores y estándares, esta metodología que en Colombia, aunque todas las universidades la enseñan, no se aplica en el CNA, y en su defecto se ha instaurado la calidad con base en la opinión, que no ha servido para nada y nos tiene muy mal clasificados a nivel mundial.

¿Cómo es posible que ningún Consejero del CNA hasta el momento, haya podido ostentar estudios universitarios sobre aseguramiento de la calidad, gestión de la calidad, o calidad de la educación superior?

El pecado de la ley 30 está ahí primordialmente, y no se entiende porqué la Sra. Ministra y el Sr. Viceministro eluden tan reiterativamente el tema, como si se tratara de una observación simplista o de una crítica a su gestión (lo cual no es cierto), cuando tienen en sus manos la más importante de las oportunidades para contribuir en la solución de un problema que a todos preocupa, y que tiene a los colombianos muy desilusionados con su educación superior.

La Acreditación de Alta Calidad de Programas ha demostrado ser subjetiva y arbitraria, el solo hecho que la acreditación se conceda por periodos distintos demuestra la arbitrariedad, pues el tiempo se considera como factor de obsolescencia y nadie entiende por qué programas iguales tengan obsolescencias distintas dependiendo de la institución que lo ofrezca, a otro tonto con ese cuento.

Ojalá el Sr. Presidente y el Congreso, escuchen este SOS a la Calidad de la Educación Superior y que insinúen mayores modificaciones en la reforma, porque de lo contrario es posible que haya más platica pero nadie garantiza que haya mayor calidad.

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Secretaria de Comunicaciones
Asociación Colombiana de
Estudiantes Universitarios 

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